Un día raro.

Hoy es un día de esos raros, en los que te levantas pequeñita. Hoy te apetece frenar, vivir el día a cámara lenta, sin prisas. Parece que el día amanece bonito pero en ti, hay una enorme tormenta. No sabes si en cualquier momento estallarás o sin embargo, volverás a brillar. Emociones y sentimientos navegan sin parar, sin llegar a ningún puerto. Pasean de arriba a bajo, corretean y no paran. 

Hoy es de esos días en los que te apetece estar sola, perderte y que nadie te encuentre. Te apetece sentarte en cualquier sitio en el que nadie te pueda reconocer. Mirar al cielo mientras cuentas estrellas, te relajas y te vas sanando. Porque hoy sientes que te duele. Y has aprendido que cuando algo te duele, el mejor remedio está dentro de ti. Porque buscar consuelos en otros, es de cobardes. Que las cosas hay que empezarlas bien desde el principio, de no ser así, tienen un final pronto escrito en el destino.

Y es que a veces, la soledad asusta, pero otras te reconforta, te abraza y te mima. Lo que nos da miedo, tan solo es una prueba a superar.  Así que hoy no temas, vida mía, porque yo alcanzaré las barreras más altas que me depares. Superaré todas tus pruebas. Me harás fuerte y valiente. 

Tan solo sé, que días como hoy, de esos raros, es uno en los que tienes que superarte, en los que no vale pasar desapercibido, sino todo lo contrario, es el día en el que más brillarás, por dentro y por fuera. Porque ser sincero con uno mismo es la  mejor arma de superación que nadie encontrará jamás. 

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