Promesas.

Lo siento pero me lo prometí. Jamás volvería a ser débil, jamás dejaré que nadie me vea herida. Cambié mi pensamiento, para mi llorar con la cara descubierta ya no es de valientes, las únicas lágrimas que mostraré son las que provocan las risas infinitas. 

Ni una vez más, los latidos de mi corazón ahora son secretos, tan solo yo se lo que guardan. No dejo que el sentir lo acelere; y sí, hablo del corazón. Las mariposas aletean de forma pausada y muy adentro. Cuando sin querer palpita más de lo normal, recuerda que está bajo llave, que ahora nadie lo volverá a lastimar, y de pronto se tranquiliza. 

Sentimientos, los secretos más guardados en el interior. Quizás ni los más cercanos son conocedores de ellos. Porque ahora pienso que mostrarlos es de débiles. Por ello, prefiero fingir que no tengo, que si algo me sienta mal, trago fuerte, respiro y levanto la cabeza. Que si algo me alegra demasiado, no se como expresarlo, se produce un choque de emociones en mi interior, que al fin y al cabo deja que mi rostro no varíe de la normalidad. 

Y es que fue así, me prometí que nadie llegaría a mi interior porque el miedo es real, y mi corazón no quiere volver atrás. Ahora se recupera, sus heridas van cicatrizando con el tiempo, el que todo lo cura. Vive bajo llave. Su cerradura no encaja con cualquier llave, y no se dejará abrir por cualquiera, ya que llegar hasta él, a día de hoy resulta un reto. 

Y promesa tras promesa, he cambiado demasiado, ya no soy la misma de siempre. Ando con pies de plomo. No agacho la mirada por miedo, sino todo lo contrario. Afronto todo lo que se me depara, disfruto cada momento, aprovecho cada segundo e instante, sonrío y vuelvo a sonreír. Lo prometí, sobre todo se lo prometí a mi corazón, al que jamás le voy a volver a fallar, porque él es el que viaja conmigo siempre, el que se queda conmigo y el que late por mi.  Fiel al corazón. 


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