Gracias por hacer lo difícil, fácil.

Quizás no nos volvamos a ver. Aquella fue la última y la más bonita a la vez. Me gustó volverte a ver después de tanto tiempo, me encantó tu sonrisa y tu mirada. Y sobre todo amé ese abrazo que nos dimos. En realidad fueron dos, pero los amé con el corazón. 

Estos son algunos de lo recuerdos y momentos que se guardan bien adentro. Que rozan el alma y que enternecen. Y simplemente lo sé, porque en mi cabeza vuelven a aparecer con el tiempo, los pienso y los siento. Y la verdad, me gustan. 

Como he dicho, puede que haya sido la última vez. Los caminos se bifurcan, un día estamos sentados codo con codo y otro estamos, yo en casa escribiendo, pensando en aquel día, y tú donde quiera que estés. Quizás en algún momento, algo te recuerde a mi, o puede que jamás nada lo haga. 

Han pasado días, y ya muy poco se de ti, el tiempo ha abierto una brecha entre tu y yo, que separa tal cual iceberg en el deshielo. El frío se acoge en nosotros, tu por allá, yo por aquí, nos vamos olvidando conforme, andamos el camino. Direcciones distintas, con señales diferentes. A veces tu paras, y yo acelero más de la cuenta, y otras tantas tu vas más rápido y simplemente me vas dejando atrás. 

Fue bonito mientras duró. Largo, intenso, árduo, complicado, desesperante, agobiante, triste, rayante... Pero a la vez, había algo que se combinaba con dichos adjetivos. Puede que no se pueda describir, porque es de esas cosas que se notan, que te ayudan a seguir, quizás una mirada, una sonrisa, una patada debajo de la mesa... Simples y sencillos momentos, de poca duración, pero de gran admiración, porque por un instante flotabas, por unos segundos eras fuerte y se te olvidaban los agobios. Por un momento dejabas de pensar y volvías con una actitud más positivas, tenías ganas de comerte el mundo y volvías a intentarlo. Hacías lo difícil, fácil. 

Y así es, la historia va llegando a su final. Los protagonistas se van olvidando, él de ella y ella de él. Ninguno de los dos espera una segunda parte, porque la visión de cada uno es distinta. Quizás tu destino esté en el norte y el mío en el sur. Siempre nos quedarán los recuerdos del ayer. O quizás tu ya los habrás olvidando, porque a veces, para unos, los pequeños detalles son los que vencen y para otros pasan por alto, porque esperan lo más grande, dejan de apreciar, lo especial que puede ser lo minucioso. 

A pesar del tiempo, los olvidos y las distancias. Siempre habrá un hueco especial en mi, para aquellas personas que miran a los demás con el corazón. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pilotando mi corazón

Querida mía