Ella y Él.

Ellos son dos. Ella y Él. Se conocieron por casualidad. Ninguno sabía de la existencia del otro, al igual que tampoco sabían que se entenderían tan bien. Con el tiempo forjaron una gran y bonita amistad; de estas que dan envidia porque las risas son las protagonistas. Se volvieron inseparables, compartían todo, se confesaban sus secretos, lloraban, viajaban, bailaban, etc. Cualquier cosa les unía y ellos se buscaban, se apoyaban y ayudaban, hasta en la más remota circunstancia. Vivían locuras, de esas que no cualquiera se atreve a experimentar.

El tiempo pasaba y ellos, Ella y Él, más lo aprovechaban. Vivían cada día como si del último día del mundo se tratase. Discutieron pero aprendieron a solucionar las cosas hablando, no eran necesarias súplicas para recibir perdones. Jamás permitirían perderse porque ambos eran conscientes de que la vida no es toda color de rosa. La vida era más sencilla y bonita siendo dos. 

Un día cualquiera, algo cambió. Él se levantó y ya no pensaba igual, el tiempo con Ella ya no era como antes, sus ojos ya no la observan de la misma forma, su corazón no latía igual. Y es que, ocurrió aquello, que toda amistad de dos jamás quiere que pase, eso que no se atreven nombrar, porque no quieren que exista la posibilidad de dejar de ser dos. 

Hay cosas del corazón que ni la ciencia todavía es capaz de controlar, y sí, estoy hablando del amor, sentimiento que Él empezó a sentir. No sabía porque había cambiado su forma de mirar y porque su corazón latía tan deprisa cuando la miraba a los ojos. No controlaba el cosquilleo en su estómago, sus reacciones, su necesidad constante de verla y el continuo echar de menos que no te deja pensar en otra cosa que no sea Ella. 

Mientas, Ella seguía como siempre, nada diferente se apreciaba, ni un cambio alguno. Él no pudo más, y con el tiempo se decidió a confesar. Ella lo miraba como si nada, no pronunciaba palabra mientras él declaraba todo aquello que se hallaba en su corazón. Pasados veintidós minutos Él, terminó de contar y explicar eso que tanto se había guardado durante mucho tiempo. Ahora es el turno de Ella, una vez llegado el silencio, miró a Él a los ojos y pronunció: "He estado esperándote todo este tiempo, porque llevo enamorada de ti desde el día que te conocí. Te quiero". 




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