A pesar de todo, ella siempre sonríe.

Nunca volvió a ser la misma, jamás tuvo el valor de recuperarse así misma. Se rompió tantas veces que era imposible el viaje de vuelta. Trocito a trocito caía y perdones sin fundamento lo reconstruían, tan solo al principio. Llegó un día en que los perdones y abrazos ya no sanaban las heridas, por qué ya no creía en la verdad, sabía que volvería a tropezar y que las lágrimas serían su mayor consuelo. 

Desde entonces, jamás tuvo el valor. Ella ahora tiene miedo. Se muestra valiente y fuerte. Es dura con todos y apenas deja mostrar pinceladas de su corazón. Lo tiene bajo llave para que nadie lo hiera, mientras intenta sanarlo. Necesita que olvide y que vuelvan a unirse cada uno de los pedacitos que se rompieron, tan pequeños, finos y resbaladizos como la arena. No busca quien lo haga por ella, porque sabe que con el tiempo lo conseguirá, la persistencia la caracteriza. Jamás ha optado por el camino fácil que la mayoría tiene como solución, porque eso sería ser como los demás, y ella es diferente. 

Siente que no quiere sentir. Su corazón es roca. Quizás sienta pero difícilmente lo va a demostrar. No quiere más daños, más sufrimientos, ni más llantos. Su luz se ha apagado con su coraza. Es suyo y de nadie más. A veces piensa en volver a ser sentimental pero más tarde recuerda un mal trago y lo olvida. Si algo le molesta se cierra en ella misma y toma una actitud diferente. 

A pesar de todo, ella siempre sonríe. Se divierte y disfruta. Las risas le van sanando sus heridas. No deja que nadie aprecie que por dentro hay dolor. Lo hace todo fácil, es la más positiva del mundo, parece que nunca se hunde y levanta cada día a los demás. Sus palabras son dulces y siempre las acompaña de las más sinceras sonrisas. Gracias a ello se rodea de más sonrisas que también provocan las suyas. Entre sonrisa y sonrisa, hay un pedacito que se junta con otro y va sanando las heridas de su gran corazón. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pilotando mi corazón

Querida mía