Coincidir en lugar y tiempo.

Hoy el destino nos volvió a cruzar. Una noche de abril en la plaza de la ciudad, más llena que nunca, personas de todas las edades paseando, hablando, tomando algo... Las típicas quedadas de amigos en el mismo lugar, el hombre de la barba sentado en la barra del bar de la esquina, la pareja que se coge de la mano, los abuelos presumidos. El escándalo, ciento una conversaciones entremezcladas, el típico que siempre la lía más, el más callado, la chica que mira de reojo al chico que le gusta y se ríe con sus amigas para que se fije en ella, las amistades casuales que alegran a todo el alrededor, de la efusividad que muestran al encontrarse, el chico de la radio, los niños correteando sin parar y los padres intentando alcanzarlos. 
El aire era más cálido de lo normal, estar en una terraza era lo ideal, mientras veías a la gente pasar. Tomarte algo con tu mejor amigo y reír a carcajadas sin que nadie lo entienda y comprenda, porque solo vosotros sabéis de lo que habláis. Miradas de complicidad que delatan esa amistad. Tu mirada siempre se fija en la gente al pasar, quien sabe quien te puede alegrar.
Al alcanzar las doce, decides marchar "ya está bien por hoy, mañana hay que estudiar". 
El destino quiso accionar y hacernos cruzar. Al doblar la esquina de la calle me dijeron que te habían visto pasar, pero no hice caso a la casualidad, creí en la imposibilidad de no verte por la multitud de gente. Seguí mi camino sin ninguna intención de ir a buscarte, hablaba a través del WhatsApp, mientras esquivaba a la multitud y de repente el tiempo se para unos segundos, por impulso levanto la mirada y te veo pasar, alzo mi voz para llamarte y poder saludar, pero había olvidado que no estaba sola, que la gente cruzaba por todas partes y se acumulaba en las calles. Alcanzarte fue imposible, no supe hacer para que me vieras, quedé inmóvil mientras tu pasabas con tu mejor sonrisa. Podía haber intentado correr detrás de ti, pero creer en el destino me hizo pensar que si esa multitud de gente había evitado que tu y yo nos cruzáramos cara a cara era lo que de verdad debía pasar, que las casualidades existen y que si fuimos casuales una vez lo volveremos a ser dos y quien sabe cómo accione el destino. 

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