Hoy me acordé de ti, me acordé de nosotros. Sentada enfrente de la pantalla, recuerdo cada instante a nuestro lado. Recuerdo los paseos por la playa descalzos, sintiendo como la humedad subía de abajo para arriba, a la vez que el calor de tu ardiente mano junto a la mía, bajaba de arriba para abajo. Maravillosos momentos recuerdo. Aquel día que subimos hasta el faro, observamos el mar, las olas, las gaviotas y tratamos de escuchar hasta el más mínimo sonido que nadie es capaz de apreciar... Y poco a poco me abrazabas, levantamos los brazos y volamos tal cual en Titánic, como si navegáramos en la proa del barco. Respiro y vuelves a mi mente. Nuestro primer amanecer, tu y yo frente al mar, esperando ver el sol asomar, abrazo tras abrazo y risa tras risa, por fin el sol ilumina. La belleza del momento viendo ese pequeño astro ascender era lo más bonito que habían visto nuestros ojos. Soñamos despiertos. Día en el que me invitaste a merendar en el parque, me pareció tan absurdo, que fui refunfuñando como una niña pequeña... Nos sentamos, sacaste de tu mochila tu libro preferido y comenzaste a leer, al ver mi cara extrañada, me susurraste "cariño hoy merendamos literatura", cara de extraño la mía pero a la vez sonrisa al viento, disfrutando de cada una de las palabras que pronunciaba tu dulce voz. Más tarde se convirtieron en mis meriendas favoritas. Un suspiro y cierro los ojos. Tu y yo cumpliendo nuestro propósito del nuevo año, escalar la montaña que cada día miramos desde nuestras ventanas. Tú tan dándome ánimos, yo tan quejica, juntos subimos, pero no bajamos. Después de observar las vistas que llevaban horas esperándonos, bajar estaba prohibido porque jamás queríamos olvidar ese momento de satisfacción, que el mundo nos regaló. Sonrío y salta una de ellas... ¿Alegría o dolor? Misterios que todavía no resolvió mi corazón porque cada día recuerda, sueña, vive y espera el momento en el que se volverá a dejar huella en su interior. 
Continuará...

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