Una tras otra cae, despacio, suave, como si a la vez te acariciaran, como si te consolaran, salen desde tus vidriosos ojos, bajan despacio, recorren toda tu carita, humedecen tu piel, llegan a tus temblorosos labios... notas ese sabor salado... 
Decides acostarte, siguen escapando sin cesar, una tras otra de forma distinta, se deslizan hacia tu oreja, la cual acaban mojando... Abrazas la almohada, la más fiel, la que más ha recogido durante tus veintiuna primaveras, siempre dispuesta a empaparse de ti, a recogerte cada una de esas minúsculas gotitas que te hacen sollozar cuando ya no puedes más... 
Caen y caen, a veces una detrás de la otra, otras, en cambio, las dos a la vez, tienes la cara empapadita, tu cama está mojada, abrazas más fuerte la almohada, sientes el dolor en el corazón... 
Te cuesta respirar, se te acelera el pulso, incluso gritas, el dolor está en ti, solo se te ocurre seguir, una y otra vez y no paran de caer, te acompañan toda la noche... hasta que te quedas dormida y dejas de recordar, y ya no las sientes más. 

Lágrimas. 

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