Carta a él
Querido tú, 
Cada mañana te observo al pasar, tardas cinco segundos en cruzarte delante de mi, con ese tiempo me sobra para saber un poco de ti y para saber de mi que tu me gustas. Pasa rápido pero lo vivo intenso, me alzas la mirada hacia tus ojos, como si ese azul me hipnotizara tanto, que hay veces que no me da tiempo ni a respirarte; ese aroma que me envenena la locura, que no dejo que se escape ni una mota de aire que huela a ti... Tus gestos, tan breves y simples, tan sencillos y sutiles, tan valientes y arriesgados, tan tuyos que a veces los hago míos. Ese andar, indiscutible el ritmo de tus pasos, estás por llegar y yo ya noto el ritmo de tu andar, un paso, otro paso... Y ahora ocurre, cuando cuento 20, pasas por delante de esta pequeña cabizbaja, escondida tras sus piernas encogidas. 
Y día tras día, te observo pasar y descubro cosas maravillosas acerca de como eres, aunque probablemente sea todo producto de pequeñas imaginaciones mías, que te hacen embellecer y que yo te sienta tan intensamente. Y es que sólo espero al momento maravilloso de que se accione todo, de tal manera que me abalance, que atraviese esa pared repleta de miedo, te mire a la cara y sea capaz de decirte cualquier excusa que me lleve a sonreírte cada día al pasar, que me mires y sepas que existo, que te pares a esperar en el mismo banco que yo y que surja cualquier tonta conversación sobre el tiempo que hace... Cualquier excusa será buena para quererte un poco más, para despertar en ti un momento de pasión que te marque para nunca olvidarme. 
Hazla cenizas

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