Ningún mensaje que no acabe en un te quiero, ninguna pelea que no acabe en un inmerso abrazo, mil y una palabras sobre el mundo, muchos ánimos y consejos, muchas decisiones tomadas con el corazón ¿Que sería de todo si no fuera así?. Muchas palabras, demasiadas tal vez, palabras que el viento se llevó y palabras que eran sinceras de verdad. Y hoy me sigo preguntando que hubiera pasado aquel día si yo hubiera dado el gran paso, el de contarte todo lo que sentía, siempre me arrepentí de que ese día no fuera como yo planee. El tiempo se esfumó, la dirección del aire cambió y en mi corazón siempre siguió esa espinita clavada. Quizá nuestro destino no era ese momento por eso luché, luché por lo que quería, fui regalando amor,  fui yo quien te dijo que no te dejaría solo y sigue a tú lado, quien te escribía cuando necesitabas un poco de cariño, quien te daba los mejores abrazos del mundo, quien te hacía sonreír como nadie, quien te ganaba queriéndote infinitamente mientras tú te picabas, a quien le has dado mil y una veces las gracias por todo lo que hacía por ti, quien no quería dejar que estuvieras triste en ningún momento, quien te escribía a las tantas de la noche para desearte suerte o decirte simplemente un te quiero. Quien conquistó ese corazoncito tan grande que guardas ahí dentro poquito a poco, con delicadeza y asegurándome de que un día yo estaría ahí, porque aunque tardaras en darte cuenta, aunque no quisieras hablarme, aunque buscaras el olvido, por mucho que te obligaras, por mucho que quisieras no tuviste el valor de decirlo y preferiste marchar pensando que el tiempo haría el olvido, pero no, donde hubo fuego siempre quedarán cenizas, nunca dejaste de quererme, de olvidarme, ni de echarme de menos porque fui la única que llegó hasta donde no había llegado nadie. 

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