Se apagaron las luces, te quedaste la última en la fiesta, buscando desesperadamente un hueco por donde salir,  te diste mil y un golpes contra las paredes, todo estaba tan oscuro que chocabas con todo lo que había a tu alrededor… Y de pronto, ya sin posibilidad alguna de escapar, alguien te abraza por detrás, te coge por la cintura y te susurra al oído que todo está bien, que no llores más y que sonrías, tu preguntas porque deberías sonreír estando aterrada y él te vuelve a decir bajito que sonrías porque el destino os ha puesto uno frente al otro. De repente suena tú canción preferida, él te acaricia, sientes escalofríos en la piel, seca tus lágrimas, te abraza y te vuelve a susurrar que juntos podéis, tú sin pensarlo dos veces le besas, encuentras el calor de sus labios, tu corazón late cada vez más deprisa, le acaricias la espalda, le abrazas demasiado fuerte, caéis al suelo juntos, suenan vuestras risas, os miráis a los ojos pensando que lo que estáis viviendo en este mismo instante es lo mejor que os ha pasado en mucho tiempo, te besa, le besas, sonríes, sonríe, giráis por toda la habitación como dos niños pequeños, sin preocuparos por nada, viviendo el momento, aprovechándolo. De repente os dais cuenta, la música se ha parado, el silencio os vuelve a atrapar, él te dice que se marcha, que pronto os volveréis a encontrar, se despide diciendo: hasta siempre, te quiero. Intentas cogerlo pero ya no llegas, se encienden las luces y despiertas, sin poder dejar de pensar en ese sueño que tuviste, en como regresar a él, en cómo volverlo a sentir, en cómo volver a besarle… A partir de ese momento cada una de las noches te acuestas pensando en él, intentando volverle a soñar, volver a vivir ese momento porque junto a él sentiste ese sentimiento que aparece muy pocas veces, sentiste estar enamorada y por nada en el mundo querrías dejar a la persona que más feliz te ha hecho sentir en la vida.       

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