En ese instante en el que te das cuenta que has perdido lo que más querías, fueron tres simples meses de verano, pero cada día era único, disfrutabas como un niño a su lado, tirándola al agua, navegando en el velero por el océano, caminando por las rocas, jugando en la arena, simplemente haciéndola reír. Cada día por la mañana te levantabas el primero para llevarle el desayuno con esa nota de: buenos días princesa. Volvías pronto a casa y te asomabas por la ventana para verla, te brillaban los ojos como nunca y tu cabeza pensaba que ella era lo más maravilloso del mundo. Traías una rosa roja como todas las tardes. Mirabais la tele los dos juntos y como siempre acababais haciéndose cosquillas, esperando a ver quien se cansaba antes , pero no había fin. Fueron muchas noches paseando de la mano bajo la luna. Sin olvidar aquel sitio inmencionable, el sitio perfecto, el único para los dos, donde guardabais esos secretos inconfesables que quedaron marcados con vuestros nombres en un candado eterno. Fue lo mejor de tu vida, lo que más amabas, en tres meses había ocurrido lo inimaginable, era como vivir un sueño del que jamás habría querido despertar y el que todo el mundo querría vivir, porque jamás querré a nadie como a ella, seré capaz de amar, pero ella siempre será mi persona especial que quizá algún día vuelva a encontrar en mi camino. 


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