Cantabria, 22 de diciembre de 2011. 

Ha vuelto a llegar el invierno y mi cama sigue más vacía que nunca, falta tu calor, tus abrazos, nuestras noches de lujuria, el cuerpo a cuerpo, sentir ese vaho tuyo cuando hace frío. Mi habitación está más sola que nunca, faltan nuestras fotos, las primera rosa, el peluche de feria, tu reloj, el dibujo de sonrisas. Cada día cuando me levanto y abro el armario me faltas tu con esa sonrisa pícara y esa mirada de ojos marrones que refleja tu amor incondicional hacia a mi. Miro mi vida y también hay ausencia, faltas, se que hoy estoy muy lejos y que mañana no se sabe por donde apareceré, pero no te olvido. Me paso días tumbada en mi cama mirando al techo, imaginándote con cada uno de tus defectos y virtudes, recordando los secretos más escondidos, imaginándome como sería todo si hubieses esperado un poco más aquel día, si yo hubiese sido capaz de decirte lo que sentía sin miedo, pero la vida tenía prisa en ese instante y no tuvimos tiempo para detener el tiempo... Y es verdad eso que dicen que la vida es eso que te sucede mientras tu haces otros planes, porque yo jamás pensé en que aparecieras en medio de mi camino y tenía mis propios planes pero ya ves, mírate ahí estás, a kilómetros de mi, echándome de menos, olvidándome, intentando tirar todos esos recuerdos de una vez a la basura con el objetivo de no sentirme más , para poder seguir... pero quizás no te has dado cuenta de que todo lo que se va algún día vuelve, y aunque hoy este aquí, la semana que viene podría ser yo quien ocupe el lado vacío de tu cama. 
 Posdata: Nunca digas nunca.



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