Sentir un puñal clavado, notar esa presión en el pecho con la que no puedes, no te deja ni respirar, te agobia, te frustra, te enciende, te apaga, te da rabia, tener esas ganas de coger una pared y empezar a darle puñetazos hasta ver tus manos sangrar y sentir dolor de verdad. Es eso que te atraganta, que no te deja comer, no hay escapatoria por ninguna parte, es siempre la misma habitación cerrada sin puerta ni ventanas esperando a que alguien tropiece y consiga hacer un agujero en los cimientos por el que salir. Son las gotas de agua que caen de tus ojos, cada una lleva consigo un sentimiento, una emoción, un recuerdo, un beso, un adiós, no cesan... Son los motivos, los echos, las palabras dichas sin pensar y el aire que se las lleva, son promesas incumplidas, ilusiones desvanecidas. Es cambio, es no conocer, no saber quien eres ni que camino escoger. Son palabras ausentes, silencios vacíos, miradas de dolor incapaces de estar cara a cara. Son besos escondidos, abrazos reprimidos y caricias fuertes.  Es difícil, complicado, imposible. Es un oír siempre lo mismo, un vete ya, déjalo, desaparece. Son pensamientos que no llevan a ninguna parte, problemas que nos llevan a todo y discusiones que duelen. Es un te quiero, un te echo de menos, un te necesito, un quédate conmigo, un quiero que duermas esta noche a mi lado, un vamos a disfrutar tu y yo juntos de la mano la vida.    

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