Esa sensación de retroceder cada vez que avanzas e incluso, a veces andas hacia atrás con los ojos vendados sin saber donde pisar, ni donde sobre apoyarte, todo se tambalea y estás en la cuerda floja o mantienes el equilibrio o caes al hondo vacío, a quien te sujetas, a quien crees, en quien confías...  Y es que fijándonos bien, todo mi fundamento son simples palabras con una coherencia dañina, palabras que me han marcado más que si fueran hechos, palabras que hacían sonreír, que daban valor, que lo eran todo, eran palabras que no quería perder, que me gustaba escuchar a todo momento, que alegraban el corazón.
Llegó el momento, no era la primera vez, pasó en invierno, en primavera y lo mismo fue en verano, por mucho que sus palabras prometieran volver a vernos y una simple explicación, estas se desvanecen. Duele, y por mas que lo pienso cada vez duele más, ya no tengo consuelo ni yo misma puedo, por tercera vez me tengo que proponer un adiós duradero pero de verdad, dicen que a la tercera va la vencida, lo intentaremos aunque soy de las que piensa que para poder olvidar de verdad tienes que querer hacerlo y yo sinceramente no he quiero ni quiero.

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