Ir al mismo sitio donde empezó todo, sentarte en ese simple banco marrón debajo de aquel árbol que con el tiempo parece que se seco. Estar allí viendo como pasa la gente en multitud escuchando miles de conversaciones que no tienen nada que ver, estás sola con el móvil en la mano esperando a que llegue un milagro y te llame para saber como estás, una llamada que nunca llegó, y sigues esperando a que aparezca para darte uno de sus inmensos abrazos que te hacían incluso volar a veces, no llega y sigues esperando, de repente ves una sombra en la esquina te acercas pero no, no es él. Decides marcharte con una nube de recuerdos en la mente tanto malos como buenos, recuerdas el momento que estuvisteis los dos solos en un portal juntos, los besos antes de irse, las caricias con disimulo, las lágrimas al pensar que lo ibas a perder y a no volver a verlo más, las risas, las peleas resueltas de la mejor forma, los momentos que juramos no olvidar nunca...



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