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Carpeta de recuerdos.

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Un domingo cualquiera me da por buscar en mis fotos antiguas. Tengo el escritorio lleno de carpetas. Infinidad de fotos: familia, amigos, fiestas, navidades, excursiones... Empiezo a recordar momentos, sonrío, me alegro de haber cambiado y mejorado. Paso una foto tras otra, por todas mis carpetas. 
Llego a la letra C. Y aparece: "Carpeta de recuerdos". En un primer instante, decido pasar de largo y omitir dicha carpeta. Pero en un segundo plano, decido abrirla. Doble click. Y de repente: Llueven recuerdos. Somos tu y yo desde el segundo 1, en el que me enamoré de ti, hasta el día 1.460 en el que dejamos de ser dos y los caminos se bifurcaron. 
Miro mis recuerdos con optimismo, busco lo positivo de cada una de las imágenes y siempre encuentro lo mismo. La curva más bonita de toda mujer: Su Sonrisa. Veo su evolución desde la primera a la última. La diferencia es notable. Antes: Ilusión. Después: Tristeza. Ya no existimos como: tu y yo. 
Lo que un día fue presente hoy ya forma par…

Las ganas.

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Siete días después de ti, mis ganas son de verte y abrazarte. No he olvidado tus detalles, ni cada una de tus palabras. Tu mirada está clavada en el corazón y eso me da ganas. Ganas de volar
Te pienso por las noches y por las mañanas a veces también. Quizás te piense inconscientemente a todas horas. Los imposibles me atraen y tu eres uno de ellos. Otras tantas veces, me asustan. Pienso en la palabra imposible, y acabo creyendo, que es imposible conseguirlo. Pero por contra, están las ganas. Mis ganas de ti. 
Y de repente tengo fuerza y pienso que puedo lograr cualquier cosa que me proponga, que está al alcance de mis manos, pero que solo tengo que esforzarme un poquito más para cogerlo. Y ahí están de nuevo, las ganas. Quiero volverte a ver.  Mis ganas, ganan contigo.

Todas las mañanas.

+¿Te acordarás de mí mañana?
-Me acordaré de ti, todas las mañanas. 

Cánsate conmigo.

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Huracán.

Hay historias que no creía jamás que podía llegar a vivir. Y esto es un poco de locos, diría que mucho, pero no importa. Cambié de opinión muchas veces, pensé las cosas por dos, miré el pasado, el futuro y por supuesto el presente. Ahí estás tu, una casualidad de la vida, dentro del vagón del tren, esperando a qué me suba contigo y te acompañe en el trayecto y soñando en qué no lo deje pasar, que acelere, que hay trenes que solo pasan una vez en la vida. 
He decidido arriesgarme a sentir. Sin excusas ni pretextos. Porque si. He cambiado de opinión en muchas cosas y sinceramente, me va lo que me hace sonreír. A veces parece que nuestras sonrisas mantienen conversaciones distintas, que vayan por otra parte, mientras tu y yo nos miramos a los ojos, sin yo saber bien que decir. Me dejas sin palabras y sin argumentos. Me quedo un buen rato en silencio, mirándote y apreciando cada gesto, caricia, mirada, beso. 
Aunque a veces quiero dejarte de oír, en el momento que me falta tu voz, siento va…

Aunque te duela no te vas.

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Decide Sonreír.

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Después de una decepción, tardamos en recuperarnos. Nos cuesta volver a luchar con la misma actitud. Pero llega un momento en el tiempo, que lo conseguimos. Salimos adelante, ponemos buena cara y continuamos. Pero, después de todo, ¿Seguimos siendo los mismos?
La respuesta es no. Todo ha cambiado. No miramos a la vida con los mismos ojos. Nos prometemos y juramos no volver a pasar por el mismo camino y sobretodo esquivar las piedras antes de tropezar. No sentimos de la misma forma. Ya no confiamos con los ojos cerrados, ni tampoco besamos. Creemos más en nosotros mismos. Nos queremos como nunca, pero nos resulta difícil "querer", otra vez. Nos hemos aferrado al miedo, y ese temor se ha hecho fuerte, tanto que ha construido una muralla, la cual funciona como barrera en el corazón. El obstáculo es casi imposible de derrumbar. Quizás tambaleé de vez en cuando... 
Y el tambaleo se debe a ese alguien, que aparece sin avisar. De primeras, piensas que es como todos, uno más, que pued…